No se trata de oír. Escuchar es mucho más que oír. Es prestar atención. ¿Escuchamos al otro, al compañero de trabajo, a la pareja, al hijo o hija? ¿Qué tan importante y qué beneficios nos brinda practicar una escucha activa? Compartimos la reflexión de Agustin Garcia Andrade @agustinune sobre el tema.

Escuchar verdaderamente, en silencio, es decir, sin pensar en lo que se va a decir, sin estar tratando de defender razones propias, sino en un estado receptivo, puede ayudarnos en todos los aspectos de la vida. Seremos capaces de escuchar y considerar puntos de vista diferentes, y también eleva la calidad de nuestras relaciones. En la pareja, porque estaremos dispuestos a conectar en un nivel más íntimo con quien compartimos esa experiencia, no solo desde el intelecto sino también desde lo emocional y espiritual. Como padres o madres, porque podremos reconocer las verdaderas necesidades de los hijos. Con los amigos, porque todos precisamos un buen oído, una escucha honesta, cuando necesitamos expresarnos.

Evitemos decirle a las personas de nuestro entorno qué es lo que tienen que hacer o cómo resolver las situaciones de su vida. Sobre todo en la familia. Esto nos saca de la posición de controlar o dominar con nuestros propios paradigmas o proyecciones en nuestras relaciones, respetando la sabiduría interior, los procesos y las decisiones de cada uno.

Es útil estar atentos a la escucha, en lugar de pensar lo que vamos a decir, porque cuando realmente escuchamos, cuando estamos en silencio, si esa persona tiene que recibir alguna palabra, es posible que sea a través de nosotros y lo reconocemos porque son palabras que transmiten paz; incluso, puede suceder que digamos algo con una sabiduría que no pensamos que teníamos. Las personas necesitan que las escuchen, saben lo que tienen que hacer, pero a veces tiene miedo. Si logramos, con la escucha, guiarlas a conectar con sus emociones y su sentir, la claridad vendrá a su mente.

Aprender a escuchar nos hace más intuitivos, aprender a escuchar nos hace sentir en sintonía con la vida, sincronizados con ella. Expande nuestra capacidad de percepción para tomar contacto con el mundo invisible y sutil que nos rodea. Aprendiendo a escuchar nos damos cuenta de que tenemos paciencia naturalmente.